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El robot no sustituirá al hombre, pero cambiará el trabajo de forma radical

El impacto de la inteligencia artificial y la automatización en el trabajo cambiará la vida de los humanos, pero no tiene por qué acabar con el trabajo. Esa es la conclusión que se puede extraer de un trabajo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Un elevado porcentaje de las profesiones cambiarán radicalmente, pero el ser humano seguirá formando parte de ellas. | ¿Va en serio lo que se dice sobre los robots?

Este informe titulado ‘Automatización y Trabajo Independiente en la Economía Digital’ destaca que sólo el 9% de los trabajos está en serio riesgo de ser totalmente automatizados en los países desarrollados, pero hasta el 50% de las tareas (dentro de cada empleo) sufrirán cambios importantes por la automatización.

La historia económica muestra que este debate es recurrente, desde la máquina de vapor hasta los días de hoy. A pesar de los temores que predominaron en los comienzos de estos cambios, lo único cierto es que todos ellos desembocaron en mejoras en la calidad de vida de las personas y en la creación de nuevos puestos de trabajo, más productivos y mejor remunerados.

Este estudio ha tenido en cuenta la evaluación de competencias de adultos (PIAAC por sus siglas en inglés) que mide las competencias cognitivas y relacionadas con el mundo del trabajo necesarias para que los individuos participen con éxito en la sociedad y que la economía prospere. Además, los economistas de la OCDE han analizado las tareas dentro de cada profesión para desgranar cuales pueden ser automatizadas hasta el punto de que la propia ocupación desaparezca.

“Los resultados muestran unos datos muy inferiores a los de otros trabajos respecto al riesgo potencial de automatización. Nuestro estudio estima que el 9% de los trabajos se encuentran en alto riesgo de ser automatizados, países como Austria, Alemania o España muestran un 12% de riesgo, mientras que otros como Finlandia o Estonia sólo un 6%”, según sentencia el documento.

La OCDE denomina trabajo con elevado riesgo de ser automatizado a aquellas ocupaciones en las que un 70% o más de las tareas pueden ser completamente automatizadas.

No obstante, aunque las profesiones que pueden desaparecer por completo son pocas, una gran parte de las tareas que se realizan dentro de cada ocupación tienen riesgo de ser automatizas al menos parcialmente, “lo que transformará radicalmente la forma en que estos trabajos se llevan a cabo. Estos trabajos serán sustancialmente reestructurados y los trabajadores se tendrán que adaptar”.

Nuevos empleos
Por otro lado, el informe explica que la aparición de nuevas profesiones derivadas directamente de los cambios tecnológicos no compensará la destrucción de empleo, pero a medida que “se vayan implantando y desarrollando las nuevas aplicaciones tecnológicas en todos los sectores y los costes se vayan reduciendo, aparecerán nuevos trabajos indirectos, aunque esto lleve tiempo”.

Es más, algunas estimaciones sugieren que por cada trabajo creado en industrias con alto contenido tecnológico, se crean alrededor de cinco puestos adicionales que complementan la primera ocupación.

Otro argumento de peso que esgrimen los economistas de la OCDE es que la automatización no tiene por qué desembocar en una reducción de los puestos de trabajo en un país o sociedad. Un camino más realista y positivo sostiene que se producirá una reducción agregada de las horas de trabajo, no de los puestos. Es más, este fenómeno ya se está produciendo en una parte de los países más desarrollados de Europa.

Mayor desigualdad
El documento sentencia que el capital está ganando peso en el sistema productivo, “lo que puede incrementar aún más la caída de los salarios como parte del PIB y por ende la desigualdad. Estos cambios en la estructura ocupacional pueden crear desigualdades regionales, a medida que los nuevos puestos de trabajo se vayan concentrando en las ciudades, donde se encuentran los trabajadores más cualificados”.

El informe reconoce que este proceso de automatización está llevando a las economías desarrolladas a presentar mayor desigualdad en la distribución de la renta. El empleo se está polarizando de forma evidente. Por un lado, los ocupados que cuentan con formación elevada y obtienen grandes remuneraciones; y por otro lado los trabajadores con media y baja formación, que están luchando por los mismos puestos de trabajo, generando un exceso de mano de obra para esos empleos.

Hay una serie de empleos que tienen bajo riesgo de ser automatizados, como son los relacionados con el cuidado de las personas y otros servicios personales, por los que compiten y competirán las personas de media y baja formación, como se señalaba anteriormente. Los salarios de estos empleos están por debajo de la media.

Para suavizar estos efectos, la OCDE cree de vital importancia la participación de los gobiernos a través de las políticas activas de empleo y los beneficios fiscales, para ayudar a aquellas personas que queden desplazadas por los cambios en los procesos productivos. A la vez, será trascendental formar a las personas para esta nueva era y promover la movilidad laboral para subsanar las desigualdades regionales.

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